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Introduciendo la obesidad

¡Muy buenas a todos y a todas!

Esta es la primera entrega de una serie de artículos que tengo pensado escribir sobre la obesidad. La intención es tratar varios puntos relacionados con dicha patología: definición y biomarcadores, causas, consecuencias, genética, comorbilidades, medidas preventivas y tratamientos, entre otros.

Empezaré por justificar la elección del tema. El motivo principal de elegir la obesidad es que me parece la patología más preocupante y evidente en la actualidad. ¿Por qué? Ahí van unos datos. Según la última Encuesta Europea de Salud realizada en el año 2014, el 52,7% de la población española mayor de edad presentaban sobrepeso u obesidad. Esto nos indica que no es precisamente una patología extraña, basta con salir a la calle para ver la realidad.

Vamos a ver algunos datos más. Según una nota de prensa de finales de 2017 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde 1975 la obesidad mundial prácticamente se ha triplicado y, en 2016, el 39% de individuos mayores de edad tenían sobrepeso y el 13% obesidad. Sin embargo, lo que me parece aún más preocupante es que, en ese mismo año, había más de 340 millones de niños y adolescentes con sobrepeso y obesidad. Terminando con los datos, la tendencia de la patología es ascendente, por tanto, los números seguirán creciendo si no se pone remedio.

Siguiendo con la introducción del tema, vamos a definir el concepto de obesidad. Se define como la acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. El indicador clásico de la obesidad es el Índice de Masa Corporal o IMC que relaciona el peso con la altura mediante la fórmula kg/m^2. Para determinar si un individuo es obeso existen unos baremos establecidos. Por ejemplo, en el caso de personas adultas, la OMS establece que existe sobrepeso cuando el IMC es igual o superior a 25 kg/m^2 y, la obesidad, igual o superior a 30 kg/m^2. En el caso de niños y adolescentes se emplean los percentiles según la edad para su determinación.

¿Por qué se emplea este indicador? Porque es fácil de manejar y gran parte de los estudios al respecto lo han empleado. Sin embargo, como sabemos, no es un indicador muy fiable ya que hay casos en los que nos puede estar “engañando”. El ejemplo típico es el de los culturistas. Estos deportistas presentan un peso mayor al que les corresponde respecto a su altura, por lo que el IMC también es mayor. Si nos dieran únicamente el dato del IMC sin indicarnos de qué sujeto se trata concluiríamos que es una persona con sobrepeso u obesidad. Todo lo contrario a la realidad. Por este motivo, actualmente en las investigaciones científicas se emplean otros indicadores más fiables como el porcentaje graso.

Hasta aquí la introducción sobre el tema de la obesidad. En próximas entregas nos adentraremos en los factores desencadenantes de la obesidad.

Un saludo y nos vemos en próximos artículos. ¡A aprender!

A continuación, os dejo esta infografía a modo de resumen:

datos obesidad y sobrepeso

 

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